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Lunes, 29 de abril de 2013   |  Número 21 Ao I
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el reportaje de excelencia sanitaria
SE DESCONOCE EL GRADO DE SEGURIDAD DEL PACIENTE DESDE EL INFORME DE 2005
Otro Eneas es necesario
El Ministerio de Sanidad se centra en planes de éxito probado como el Bacteriemia Zero

Por Javier Barbado

¿Se conoce el grado de seguridad del paciente en el Sistema Nacional de Salud? La respuesta a este interrogante se inclina por el “no”, a menos que se tomen por válidos en 2013 los datos reportados por el único (y riguroso) informe publicado en 2005 por el Ministerio de Sanidad con el nombre de Eneas o Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización. Pero resulta obvio que, a lo largo de ocho años, las variables que miden este aspecto fundamental de la asistencia sanitaria han cambiado, sea en uno u otro sentido. Por lo tanto, la primera cuestión que deben plantearse los especialistas en este campo es la de si el Ministerio de Sanidad debe movilizarse para hacer otro gran estudio de campo que evalúe el “estado de la cuestión”, y, en segunda instancia, diseñar modelos de gestión efectivos y extensibles a la totalidad de centros de cada servicio regional, tal como ha razonado para Publicación de Excelencia Sanitaria el director general de Áliad, Julio González Bedia.

Pero también los expertos consultados del Ministerio de Sanidad reconocen que procede elaborar un nuevo Eneas, aunque, por el momento, subrayan el éxito e importancia de estrategias específicas como los proyectos Bacteriemia Zero, que se ha importado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que ha logrado reducir el 25 por ciento la tasa de infección intrahospitalaria del país: “A medio plazo, entiendo que debería haber un segundo Eneas, pero nos encontramos con dificultades de recursos económicos y de oportunidad, ya que esta clase de revisiones se suele hacer en un plazo que oscila entre los cinco y los diez años con el fin de establecer una cierta tendencia a partir de sus resultados; honradamente, desconozco si esto es ahora o no una prioridad, si bien creo que existen otras muy vinculadas a la misma estrategia como los programas Bacteriemia Zero, Neumonía Zero, Identificación Inequívoca del Paciente o Higiene de Manos”, ha declarado Jesús María Casal, jefe de Servicio de la Subdirección General de Calidad y Cohesión del departamento que encabeza Ana Mato.

Julio González Bedia; Gonzalo Iturmendi, socio director de Iturmendi Abogados; Pablo Moure, subdirector general de Patrimonio de la Consejería de Facenda de la Xunta de Galicia.

Desde su punto de vista, estos planes ministeriales poseen la ventaja de que, en tiempos de crisis económica como el actual, permiten medir el impacto presupuestario de su ejecución, por ejemplo en forma de reingresos evitados o de estancias hospitalarias abreviadas. González Bedia, por su parte, no niega su validez pero sí recalca que la iniciativa de las administraciones central y autonómicas en seguridad clínica no debe obviar una perspectiva más amplia y completar esas campañas con fórmulas que gestionen la totalidad de prácticas en este campo de forma homogénea y sobre terreno conocido, algo imposible de hacer si no se dispone de evaluaciones prospectivas como las que proporcionaría un nuevo Eneas.

Y, como ejemplo que respalda su razonamiento, exhibe el reciente proyecto de seguridad del paciente llevado a cabo en los hospitales de la red pública de Cataluña: “Hemos ofrecido nuestra fórmula, el Modelo Confianza, y hemos comprobado cómo en seguida se conoce en qué centros, unidades o servicios se posee ventaja o carencia en esta área”, reflexiona. Una vez detectado, es posible aplicar el sistema de notificación del modelo, paso previo a la prevención de futuros errores del proceso asistencial sanitario.

Para Beatriz Pais, técnica de la Subdirección General de Atención al Ciudadano y Calidad del Servicio Gallego de Salud (Sergas), autonomías como la gallega han desarrollado planes para detectar eventos adversos que contradicen el discurso de que, a priori, escasea este tipo de datos oficiales proporcionados por las administraciones públicas. En una ponencia del 15º Congreso de la Asociación Española de Gestión de Riesgos Sanitarios y Seguridad del Paciente (Aegris), celebrada a mediados de mes en Santiago de Compostela, Pais citó “los 1.500 eventos adversos identificados en todos los hospitales de Galicia” de forma reciente, a lo que González Bedia replicó que, si se extrapolan los resultados del Eneas, por desgracia a esta comunidad autónoma le corresponden casi 20.000 que no se están detectando.

Por otra parte, el experto más reconocido en la materia en España, el profesor Jesús María Aranaz, corrobora que, salvo en la Comunidad Valenciana, no existe un informe sistemático anual similar al Eneas que publique la totalidad de variables actualizadas relacionadas con la seguridad del paciente en las organizaciones sanitarias.

El registro por el profesional sanitario de que ha sucedido un evento adverso (definido por el propio Eneas como “todo accidente o incidente recogido en la historia clínica del paciente que ha causado daño al paciente o la ha podido causar, ligado sobre todo a las condiciones de la asistencia”) constituye, de hecho, la raíz del problema, ya que a menudo aquél oculta lo que ha observado para que no se lo relacione con el fallo: “En el Sinasp [Sistema de Notificación y Aprendizaje para la Seguridad del Paciente] la notificación es voluntaria y anónima por esa razón, pero el profesional tiene la opción de desvelar su identidad si lo desea, cosa que ha hecho alrededor del 40 por ciento de los que lo han utilizado hasta el momento”, revela Casal.

Clara Olveira, inspectora médica de la Subdirección General de Inspección, Auditoría y Acreditación de la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia; Jesús María Casal; Ana Isabel García, responsable de Área de Programas Especiales de la Subdirección General de Sistemas y Tecnologías de la Información del mismo departamento de Salud autonómico; y Enma Giralt, directora de Consultoría en Auren y responsable de Lean Healtcare.

Este sistema fue concebido por el Ministerio de Sanidad en 2008 en forma de proyecto-piloto y comenzó a funcionar al año siguiente. Desde entonces, seis comunidades autónomas lo han incorporado a sus hospitales (Cataluña, Castilla-La Mancha, Galicia, Murcia, Canarias y Cantabria) y, este mismo año, está previsto que hagan lo propio Extremadura y Aragón e incluso las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

Sin embargo, la extensión del plan ministerial a la Atención Primaria y el ámbito extrahospitalario todavía resulta limitada. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, dispone de su propio sistema de notificación de eventos adversos en el primer nivel asistencial (por eso el Sinasp requerirá algo más de tiempo para extenderse a los centros madrileños, de acuerdo con lo declarado por Casal a este periódico). Y, asimismo, Andalucía y el País Vasco poseen desde hace varios años sus programas de registro de incidentes asistenciales.

En la línea de la Alianza Mundial de la OMS

Desde un punto de vista general, la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, tras publicarse en 2005 el Eneas, trabaja para desplegar una campaña de mejora de la seguridad del paciente en España alineada con los fines de la Alianza Mundial en este campo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y ha dispuesto en su empeño del apoyo explícito de las principales sociedades científicas, asociaciones de pacientes, universidades, escuelas, agencias y otras agrupaciones nacionales.

En conclusión, no faltan iniciativas nacionales y regionales en seguridad del paciente pero, a la vista de lo que se conoce en este momento, se echa de menos una estrategia articulada uniforme y universal que, a todas luces, debería comenzar por repetir el análisis de situación del Eneas y por concienciar al profesional de la salud, “segunda víctima” tras el enfermo de los eventos adversos tal como lo define Aranaz, quien propone cambiar el enfoque de la política sanitaria española en este campo a partir de la identificación de prácticas seguras, el impulso de un cambio de cultura reactiva a otra proactiva y la incorporación de los pacientes a los planes y medidas que se decidan ejecutar.

 

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