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Lunes, 04 de marzo de 2013   |  Número 17 Año I
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la entrevista de excelencia sanitaria
SEGÚN APUNTA JULIO GONZÁLEZ bedia, DIRECTOR GENERAL DE ÁLIAD
Los centros sanitarios privados desaprovechan la mitad del crédito para formación
De 25 millones anuales, el 50 por ciento se destina a preparar a los sanitarios

González Bedia enumera las conclusiones de su tesis.

Javier Barbado / Imagen: Adrián Conde. Madrid
Apenas el 50 por ciento de los 25 millones de euros de que disponen cada año, en conjunto, los centros sanitarios privados para formar a sus profesionales se destina a este objetivo. El resto, se desperdicia haciéndolo retornar a las arcas públicas, que son las que proveen a las organizaciones privadas del crédito deduciéndolo de la cantidad que abonan cada mes a la tesorería de la Seguridad Social. Se trata de una de las conclusiones de la tesis doctoral recién defendida por el director general de la compañía Áliad, Julio González Bedia, quien también ha apuntado otras como, por ejemplo, la existencia de desajustes entre la oferta formativa y la demanda relacionados con el contenido de las enseñanzas y el perfil de los profesionales. Publicación de Excelencia Sanitaria aborda estos postulados de la investigación del entrevistado y se interesa por su opinión referente a la sanidad privada en España en el pasado reciente y en la actualidad.

Acaba de doctorarse con una investigación titulada Estudio de la formación profesional de los trabajadores de la sanidad privada en España. ¿Cuáles son las conclusiones de este trabajo?

Las principales conclusiones podríamos resumirlas en tres aspectos. Esta tesis está dirigida a la formación de los profesionales sanitarios en la sanidad privada: no es la formación de inicio, sino la que se adquiere cuando uno ya es profesional. Hemos visto que las principales necesidades formativas que existen, en general, son de conocimientos técnicos. Es decir, los profesionales sanitarios priorizan mucho más la formación en conocimientos técnicos que la de otra índole. Llama la atención que la formación en gestión se prioriza muy poco, es decir, no se percibe como la principal necesidad.

Llama, como digo, la atención porque nosotros, que conocemos bien la sanidad, no dudamos de que es importante la formación en gestión. Sin embargo, todavía pervive una percepción de que es más necesaria la técnica (cómo atender a un paciente, cómo hacer un procedimiento de la manera adecuada, etc.), la cual sin duda es relevante, pero también lo es aquélla, que se dirige a gerentes, mandos intermedios, etc.

La siguiente conclusión es que la oferta formativa que existe resulta insuficiente porque, según admiten los propios profesionales, no está adaptada a su perfil. De manera que uno de los datos curiosos es que los profesionales más numerosos de la sanidad privada (ante todo auxiliares) son los que opinan que la oferta formativa adaptada a su perfil es la más escasa. En cambio, los profesionales que son menos en volumen, clasificados como sanitarios que no son ni enfermeros ni médicos (farmacéuticos, biólogos…), son los que opinan que la formación adaptada a su perfil es la más abundante.

Con lo cual deducimos que hay mucha oferta formativa pero, al mismo tiempo, no está adecuada a los perfiles profesionales. Vemos también una satisfacción general elevada (60 por ciento) entre los profesionales, así como el matiz de que los más jóvenes valoran de forma más positiva la formación que reciben, o, dicho de otra manera, son menos exigentes. Y a medida que avanza su carrera profesional, en efecto exigen más, es decir, perciben peor la instrucción que reciben. Esto lo digo porque la oferta formativa se debe adecuar en función del perfil de cada uno y también en función de su experiencia, y eso no está desarrollado de la manera suficiente.

¿Qué modalidad formativa prefieren los sanitarios?

Éste es un dato importante. Hemos visto que la teleformación, por ejemplo, aun está muy poco desarrollada en la sanidad privada y en la sanidad en general. Sin embargo, una de las principales dificultades que afrontan los profesionales sanitarios una vez que ejercen el oficio es la falta de tiempo y la incompatibilidad con el horario laboral. A menudo compaginan sanidad pública y privada y carecen de tiempo para la formación.

Por esta razón, la teleformación se revela como la opción del futuro e incluso, en no pocos casos, ofrece ventajas que no tiene la presencial como, por ejemplo, el acceso inmediato a fuentes bibliográficas por medio de internet, la capacidad de compartir información con otros alumnos en cualquier momento del día o de la noche… Sin embargo y a pesar de todo esto, la formación on-line o teleformación no es la preferida entre los profesionales sanitarios todavía, y eso es algo que debe enmendarse.

El entrevistado apoya la creación de una Comisión que analice la gestión privada.

Por último, otras de las conclusiones del trabajo se deriva de un estudio del crédito formativo en la sanidad privada para instruir a sus profesionales. En el sector sanitario, anualmente hay unos 25 millones de euros en total (si sumamos los créditos de todas las organizaciones) pero solo se aprovecha alrededor de 50 por ciento. Por lo tanto, aparte de los desajustes en la oferta formativa y en los perfiles, se desaprovecha el fondo disponible.

¿Quién dispone de ese fondo?

Las empresas y organizaciones privadas. De su cotización a la Seguridad Social, una parte puede destinarse a la formación para el año siguiente (las famosas bonificaciones). Como digo, del total del crédito disponible –unos 25 millones de euros–, la mitad no se utiliza para formación, no se aprovecha y es una pena.

¿Qué perfil posee la persona que se forma en la sanidad privada?

Sabemos, en todo caso, que la mayor parte de los profesionales compaginan la sanidad pública y la sanidad privada. Lo que más hacen los profesionales son los cursos, porque existen otras actividades como el autoestudio, las sesiones clínicas, actividades externas de los laboratorios…, pero los cursos son los que más se siguen. Y quienes más los hacen, en la sanidad privada, son los profesionales de Enfermería con diferencia respecto al resto de sanitarios. Los médicos, por su parte, llevan a cabo muchas más sesiones clínicas y autoestudio en general.
Las sesiones clínicas, ¿son también periódicas en la sanidad privada?

Sí lo son. En menor medida que en la pública, donde están mucho más implantadas por tradición. Pero, cada vez más, las clínicas privadas las utilizan como método. En la investigación, hemos diferenciado entre sector hospitalario y no hospitalario, y hemos visto que, curiosamente, en este último se llevan a cabo más sesiones clínicas. Lo hemos interpretado como que, en el sector hospitalario, los médicos de la sanidad privada a menudo compatibilizan su trabajo con la asistencia en la sanidad privada (cosa quizá no tan frecuente en área no hospitalaria privada).

En España ha habido una desafección histórica respecto de la sanidad privada por parte de los profesionales, y eso que muchos de éstos (en particular los médicos) compaginan su actividad asistencial en la sanidad pública con el ejercicio de la Medicina en centros privados. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se ha visto esta aparente contradicción al interpretar muchos que la gestión particular de los hospitales públicos equivale a privatizarlos. ¿Cómo lo ve usted?

Yo creo que el problema reside en seguir fomentando esa diferencia, es decir, ver si es mejor la sanidad pública o la sanidad privada. Hoy en día ese debate es estéril y no sirve para nada. Como bien dice, la sanidad privada estaba “demonizada”, y, de hecho, persiste esa percepción, aunque cada vez menos. Sin embargo, estoy convencido de que, sin la sanidad privada, el sistema sanitario público no es sostenible, ya que aquélla representa el 30 por ciento de la asistencia que se presta y ése es un porcentaje muy elevado.

González Bedia expone su opinión sobre el último informe publicado por Sedisa.

De hecho, la sanidad pública concierta, desde hace mucho tiempo, con la sanidad privada en comunidades autónomas como la de Andalucía y otras muchas con un alto nivel de satisfacción, es decir, que, en cuanto a resultados y en cuanto a agrado de los pacientes, funciona igual de bien que la pública. Otro dato relevante es el de la mutualidad Muface: la mayoría de los funcionarios escoge la asistencia sanitaria privada. Y en cuanto a la Comunidad de Madrid y la polémica debida al anuncio de establecer gestión privada en seis nuevos hospitales, no debe obviarse que ya existen centros regidos por esa fórmula de funcionamiento desde hace años en esta autonomía y no ha pasado nada. Es más: se están obteniendo resultados muy satisfactorios e incluso mejores que los de algunos hospitales públicos.

Por lo tanto, al final, la sanidad privada, para poder estar funcionando, debe tener calidad y resultados. Y la gestión público-privada, según se ha demostrado en muchos modelos, es más eficiente que la pública, y eso no quiere decir que sea de menos calidad; por el contrario, hay experiencias que demuestran que los resultados son buenos y eficientes.

Pero la raíz del problema es que el sistema no es sostenible. Cuando estábamos en “vacas gordas” las ineficiencias se ocultaban, pero ahora salen con la crisis y se toman medidas de recorte. De modo que el sistema debe cambiar orientándolo al servicio del ciudadano y con independencia de que sea público o privado: ¿qué más da si se va a disponer de las mismas prestaciones? Porque, si no es así, se va a saber y, de hecho, la Administración se encarga de supervisarlo. Creo que la clave reside en integrar las dos asistencias, pública y privada, en lugar de argumentar a favor de una u otra.

Una de las principales críticas de quienes se oponen a la gestión privada de la asistencia de los hospitales públicos es la inexistencia de estudios de campo independientes. En su opinión, ¿debería formarse una Comisión específica para elaborar una investigación imparcial?

Sí, por qué no. Todo lo que signifique transparencia y datos para contrastar son bienvenidos. Lo que yo entiendo es que, hasta ahora, las experiencias que ha habido demuestran que el modelo ha sido eficiente porque, de no haber sido así, no podría haberse mantenido.

La Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) ha presentado en dos foros un informe sobre reformas sanitarias en el que concluyen que el debate no debe fijarse tanto en el modelo de gestión de los centros como en su financiación, y cita el pago per cápita para corroborarlo. ¿Cuál es su opinión?

Me parece bien. Uno de los problemas en España es la transferencia de la sanidad a las comunidades autónomas, ya que ha habido una mala planificación que ha provisto a cada autonomía de muchos más recursos de los necesarios. Eso ha llevado a un sobrecoste que florece ahora. La clave, por tanto, es un cambio de estructura que integre la sanidad pública y la privada, porque ambas son dependientes la una de la otra. Yo recuerdo que, hace años, los estudios que se hacían por comunidad autónoma relacionados con estándares de calidad, por ejemplo, se hacían solo para la sanidad pública. Se discriminaba a la sanidad privada. Ha habido tal separación que ahora cuesta mucho integrarlas, pero el camino va por ahí.

Áliad creó en 2005 Sanidad Excelente Privada (SEP) y, ahora, este modelo de certificación de la calidad ha sido avalado por la EFQM.

Efectivamente, la EFQM nos ha otorgado el aval al modelo, lo que significa que lo considera útil para las organizaciones sanitarias (en este caso privadas) que deseen implantarlo. El modelo SEP nace en 2005 como respuesta a la necesidad de un vehículo o vector por el que se pudiese demostrar que la sanidad privada posee calidad y, ante todo, conduce a buenos resultados.

El modelo EFQM está orientado, de hecho, a la consecución de resultados para obtener la excelencia, y por eso lo adoptamos como referencia en el SEP. En un debate mantenido en estos estudios nos preguntamos por qué no hablamos de Sanidad Excelente para el Paciente en lugar de Sanidad Excelente Privada. Porque, realmente, nosotros creamos el modelo teniendo en cuenta ciertos mecanismos inherentes a la sanidad privada, pero los resultados que se persiguen son los mismos.

El director general de Áliad explica qué es el modelo SEP y cuántos centros lo poseen.

Por otra parte, tenemos intención de exportar el SEP fuera de España, y, para ello, el stamping de la EFQM (como sus responsables denominan al aval concedido) nos sitúa en mejor posición para conseguirlo. Nosotros, ahora, tenemos hasta 140 certificaciones. La fuerza del SEP reside en que un centro sanitario integra con él lo más relevante de los diversos modelos de medición de la calidad disponibles, y, de ese modo, es capaz de implantar una fórmula de gestión que dé unos resultados que conduzcan a la calidad y a la excelencia.

Según se precisó en el debate al que alude, de los 140 centros sanitarios privados con SEP, solo 13 han optado a algún reconocimiento EFQM internacional. ¿Es así?

Así es. Existe la opción de optar a una evaluación internacional a partir del modelo EFQM y de hacerlo a una valoración nacional. Siempre hemos pensado que la fuente internacional es la más adecuada, y por eso nos hemos hecho asesores y consultores internacionales, y hemos aprendido cómo hacerlo en Bruselas, donde el rigor y la exigencia son mayores.

Por último, Áliad ha llevado a cabo una experiencia sobre seguridad del paciente en Cataluña. ¿De qué se trata?

Es un proyecto muy innovador. El Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña tenía un proyecto piloto sobre seguridad del paciente para veintitrés centros de la red de utilización pública de hospitales de esta comunidad autónoma. Nosotros hemos desarrollado un modelo basado en EFQM que permite a los centros diagnosticar cómo está el centro respecto a la implantación de prácticas seguras (que impactan en mayor seguridad del enfermo de acuerdo con los parámetros de la OMS) y modelo de implantación de prácticas seguras. La fuerza del proyecto es que permite proporcionar una herramienta muy práctica en los hospitales, y, de hecho, se han adscrito a él muchos centros públicos de forma voluntaria.

 

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