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Lunes, 22 de octubre de 2012   |  Número 8 Ao I
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por julio gonzález bedia
La necesidad de demostrar la excelencia en Sanidad
 

La actual crisis genera continuos debates y opiniones sobre cómo afectan las medidas que se han tomado en nuestro sector sanitario, cómo afectarán posibles nuevas medidas que se están planteando y qué soluciones habría para su sostenibilidad. Cuando se habla de recortes en presupuestos, copagos, disminución de concertación con los centros privados, etc., siempre se habla de que, independientemente de las decisiones que se adopten, la calidad y la seguridad en relación con el paciente deben primar por encima de todo. Sin duda, así debe ser.

Julio González Bedia es director general de Áliad.

Pero, para conseguir que los pacientes sigan teniendo confianza en nuestro sistema sanitario, además de dar a conocer que nuestros profesionales están muy bien formados y que disponemos de la infraestructura hospitalaria y de los medios necesarios, los pacientes deberían tener acceso objetivamente a los resultados de cada centro y a los requisitos que éstos deben cumplir. La transparencia y la información son esenciales para generar confianza y, aunque se ha avanzado mucho en los último tiempos, todavía, lamentablemente, esta información no llega suficientemente al usuario final, que es el paciente.

La salud es el bien más preciado que tenemos y, por tanto, los pacientes deberían saber qué centros son los más adecuados en función de su problema de salud y disponer de información contrastada para poder elegir y diferenciar unos centros de otros. Es realmente increíble que los ciudadanos muchas veces tengan más criterio a la hora de elegir un hotel, un coche o un restaurante que un centro sanitario. Los gestores que desean mostrar las bondades de sus centros, también reclaman que se les diferencie y buscan continuamente reconocimientos y premios para elevar su prestigio. Y la Administración, obviamente, también desea conocer qué centros son los más avanzados y los que se preocupan de buscar la excelencia y la mejora continua.

En la realidad actual, la obligación es ser más eficiente sin disminuir la calidad del servicio y, para ello, es necesaria la colaboración entre el sistema público y el privado. Y para que el sistema público colabore con el privado es imprescindible que éste demuestre su nivel de calidad y excelencia –que lo tiene– con referencia a estándares y requisitos concretos que sean evaluables objetiva y rigurosamente.

Por tanto, es necesario que los centros privados que demuestren su nivel de excelencia consigan no solo un reconocimiento social y de imagen, sino también un beneficio en forma de recuperación de la inversión; es decir, que los servicios de salud autonómicos, la Administración, las compañías aseguradoras y los propios pacientes pudiesen decidir qué centros merecen proporcionar los servicios sanitarios en función de su nivel de excelencia y especialización, valorando realmente el cumplimiento en la calidad de sus servicios. De esta manera conseguiríamos a la vez varias efectos: 1. Transparencia e información a los pacientes; 2. Mantenimiento de la confianza de los pacientes en el sistema sanitario de nuestro país; 3. Mejora de la calidad real de los centros sanitarios; y 4. Promoción de la excelencia en nuestro sistema sanitario para hacerlo sostenible.   

Cada vez son más las empresas sanitarias que hablan con sus pacientes el lenguaje de la excelencia. Ese es el camino para el beneficio de todos.
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