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Miércoles, 30 de mayo de 2012   |  Número 1 Año I
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ENTRE EL 20 Y EL 40 POR CIENTO NO APORTAN INFORMACIÓN RELEVANTE
La formación de clínicos y radiólogos se muestra clave para eludir pruebas inútiles
La ley obliga a excluir las que emiten radiación ionizante si no están justificadas

Javier Barbado. Madrid
La formación del médico especialista en radiología, y, al mismo tiempo, del clínico que le pide las pruebas de diagnóstico o complementarias de la evolución del paciente, encierra la clave para reducir el porcentaje de esta clase de prácticas que, en última instancia, se revelan innecesarias o incluso perjudiciales, como es el caso de las que emiten radiaciones ionizantes.

Pablo Valdés, presidente de Segeca en la Seram.

Según un estudio clásico elaborado en Estados Unidos –pero cuyos resultados son extrapolables al resto del mundo en términos generales–, entre el 20 y el 40 por ciento de las pruebas radiológicas “no aportan información relevante al proceso clínico del paciente”, y, en consecuencia, debería prescindirse de su ejecución. De hecho, la obligación del radiólogo especialista no solo reside en optimizar la prescripción de pruebas por parte de los clínicos conforme a criterios de salud y costo-eficiencia (conocimientos que les reporta su formación en la etapa MIR), sino que, conforme al Real Decreto 815/2001, deben impedir la realización de cualquier prueba emisora de radiaciones ionizantes que carezca de justificación clínica expresa.

“Es complicado, porque el radiólogo debe justificar ante el médico clínico y ante el paciente por qué [desaconseja] una prueba, y, además, debe ofrecer una alternativa si la hay”, ha explicado a Publicación de Excelencia Sanitaria el presidente de la sección de Gestión y Calidad (Segeca) de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram), Pablo Valdés. Según precisó, en la mayoría de los casos el radiólogo no deniega la realización de la prueba (aunque dispone de potestad para hacerlo), y, en cualquier caso, el porcentaje de pruebas innecesarias no solo afecta al campo de la radiología, sino que se da también, en mayor o menor medida, en otro tipo de instrucciones médicas (como análisis clínicos, por ejemplo): “El dato estadounidense es que, entre el 20 y el 40 por ciento, no dan un valor añadido al proceso del paciente aunque incluyan información sobre él”.

Preguntado por la capacidad del especialista no radiólogo para discriminar entre pruebas indicadas y prescindibles, Valdés explicó que, como resulta lógico, aquél “no puede dominar todo el ámbito de la radiología” del mismo modo que un cirujano no practica toda clase de intervenciones, por lo que apeló al “contacto directo” entre clínicos y especialistas en radiología para estudiar los posibles riesgos que entraña una práctica y si procede o no ejecutarla: “Para ello se recurre, en los hospitales, a los Comités y a las sesiones clínicas, o bien, en el caso de las sociedades científicas, a la firma de acuerdos”, razonó.
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