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Lunes, 22 de julio de 2013   |  Número 27 Año II
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LA ENTREVISTA DE EXCELENCIA SANITARIA
Daniel Craven-Bartle, gerente del HOSPITAL San Juan Grande de Jerez
“El error médico no es sinónimo de responsabilidad legal”
La mayor parte de las denuncias se resuelve a favor del personal sanitario o del centro

Redacción. Madrid
El director gerente del Hospital San Juan Grande de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios de Jerez, Daniel Craven-Bartle, analiza cuáles son las principales causas del aumento de las demandas judiciales en el campo de la asistencia sanitaria, y recuerda que, en su mayoría, se resuelven a favor del centro o del personal sanitario denunciado porque, a menudo, el enfermo ignora que la negligencia no se reduce a un evento indeseable sino que ha de reunir una serie de factores para merecer tal nombre. Este directivo ha departido sobre “los aspectos jurídicos de la gestión del riesgo sanitario” en uno de los cursos de verano que la Universidad Complutense de Madrid celebra en San Lorenzo de El Escorial y, en concreto, en el que ha organizado la compañía Áliad sobre seguridad del paciente. En ese contexto, Craven-Bartle expuso ante los asistentes un somero análisis de las trascendencia legal de los eventos adversos acaecidos en las organizaciones sanitarias.

¿Qué tipo de responsabilidad ha de afrontar el personal sanitario con más frecuencia?

Rara es la semana que no aparece en la prensa ningún caso de una sentencia por un error médico, una mala praxis o una cuestión similar. Un diagnóstico erróneo, una deficiente atención, el olvido de una compresa en el interior de un cuerpo, son algunos de los casos que aparecen de vez en cuando y sobre los que la administración sanitaria y las entidades sanitarias privadas no suelen prodigarse en explicaciones porque, además, la mayoría de las veces suele salir victoriosa de estas reclamaciones y demandas judiciales.

Daniel Craven-Bartle, gerente del San Juan Grande de Jerez.

Los profesionales sanitarios en general, y el personal facultativo en particular, como cualquier otro profesional de cualquier orden, deben responder de su actividad profesional ante la sociedad. Los sanitarios responderán tanto respecto a cuestiones éticas y de buena práctica (responsabilidad deontológica) como en relación con el cumplimiento de las normas legales que regulan el ejercicio profesional (responsabilidad legal).

Del incumplimiento de las normas legales puede derivarse una responsabilidad que puede ser, en función de la norma legal incumplida, de tipo penal, civil o administrativa (conducta delictiva, incumplimiento de nuestras obligaciones médico-sanitarias que han ocasionado daño o  infracción administrativa). Si bien es cierto que cada ámbito del Derecho es independiente, no lo es menos que pueden ser compatibles entre sí, pudiendo suceder que de una misma conducta, según cómo se haya realizado y en qué haya consistido, se deriven uno, dos o los tres tipos de responsabilidad legal.

¿Quiere esto decir que siempre que se cometa un error en el ámbito sanitario existe responsabilidad profesional legal?

No. El error en la práctica profesional no equivale directamente a la existencia de una responsabilidad profesional legal. Para que podamos hablar de una responsabilidad civil o penal por imprudencia son precisas tres condiciones.

Por un lado, tiene que haber habido (primera condición) una falta médica o una actuación negligente, imprudente o bien una conducta caracterizada por la falta de los conocimientos necesarios en el cumplimiento de sus obligaciones. Además de esto tiene que generarse al paciente un (segunda) daño o lesión, y, por último, la demostración de la relación causa-efecto entre las dos condiciones anteriores, o lo que es lo mismo, que la falta es la que ha causado un daño al paciente (tercera).

Dicho de otra forma, legalmente el error médico es causa de responsabilidad profesional cuando el facultativo incumple lo que conocemos como la lex artis ad hoc o “buena praxis médica”; esto es, cuando no se pone a disposición del paciente todo el conjunto de medios y conocimientos disponibles existentes de acuerdo con la ciencia médica del momento y en dependencia de las circunstancias específicas que se dieron en el momento de prestar la asistencia. De este modo, podemos afirmar que, jurídicamente, podrían existir errores inexcusables y excusables en función de las circunstancias.

¿Por qué cree usted que las demandas al personal sanitario siguen creciendo?

En primer lugar, por el notable incremento en los últimos años de la capacidad de decisión de los pacientes, así como su autonomía a la hora de tomar sus decisiones. Podríamos afirmar que ha dejado de ser “paciente” (el que espera) a ser un “usuario” (el que interactúa, como una parte más del sistema). Como consecuencia de esto, la sociedad empieza a conocer cuáles son sus derechos ante un resultado no deseable confundiendo, en la mayoría de los casos, que no sólo tiene que producirse un resultado no deseable, sino que tienen que darse los tres requisitos que hemos expuesto con anterioridad para que dicho error sea legalmente relevante. No olvidemos que la mayoría de las demandas son desestimadas por los tribunales fallando a favor del personal y/o institución sanitaria.

Este motivo está íntimamente ligado a otros factores que pueden acrecentar la proliferación de demandas. En primer lugar, un aumento de información, en ocasiones triunfalista y engañosa, desde medios de comunicación,  asociaciones de usuarios y perjudicados por los errores sobre el alcance de los avances técnicos, posibles reclamaciones y cuantía de las indemnizaciones. En segundo, las expectativas ilimitadas que tenemos todos los usuarios en los resultados que podemos obtener gracias a los avances técnicos de la Medicina. Y, en tercer lugar, el incremento de los niveles de exigencia de los usuarios, que no aceptan una Medicina paternalista sino que exigen las mismas garantías que con cualquier otra contratación de servicios profesionales.

Ante esta situación, ¿qué pueden hacer los profesionales sanitarios?

Para evitar litigios y demostrar, en su caso, que un profesional ha realizado una buena práctica clínica, los elementos fundamentales son dos. Por una parte, una esmerada, cuidada y completa historia clínica. Los profesionales sanitarios no deben olvidar que el elemento fundamental probatorio en juicio sobre la atención sanitaria dispensada será siempre la historia clínica. Sigue llamando la atención cómo este elemento probatorio fundamental, si bien ha mejorado en los últimos años, sigue estando en bastantes casos incompleta y/o confusa.

Y, por otro lado, un trato exquisito con los pacientes. Detrás de reclamaciones y demandas, casi siempre se encuentra un deterioro de la relación humana entre pacientes y profesionales sanitarios, que en vez de atenuar el posible error cometido acrecientan el malestar.

 

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