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Lunes, 05 de noviembre de 2012   |  Número 9 Año I
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investigación + desarrollo
JOSÉ ANTONIO CASTILLO, DIRECTOR DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN SANITARIA DE SANTIAGO
“El hospital que no se cuestiona lo que hace se aproxima al error médico”
El investigador asegura que el sanitario debe plantearse si su tarea es mejorable

Javier Barbado. Madrid
El director científico del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, José Antonio Castillo, neurólogo y catedrático universitario de la especialidad (A Coruña, 1947), ha conversado con Publicación de Excelencia Sanitaria con motivo de su visita al Hospital Infanta Sofía de la Comunidad de Madrid, adonde ha sido invitado para pronunciar una conferencia sobre “la importancia de lo pequeño para la ciencia”. De su discurso se deduce que la evaluación de la calidad no es ajena al mundo de la investigación clínica, sino que, por el contrario, el médico está obligado a replantearse de forma continua si lo que hace en el hospital es o no mejorable.

José Antonio Castillo Sánchez es catedrático de Neurología de la Facultad de Medicina la Universidad de Santiago.

Comenzaré por el título de su ponencia: “La importancia de lo pequeño para la ciencia”. ¿Por qué el detalle es trascendente para ustedes, los científicos?

A veces, cuando se habla en un hospital de desarrollar planes de investigación, da la sensación de que se está diciendo que hay que hacer unas inmensas infraestructuras y otras muchas cosas. Lo que trato de demostrar es que la investigación –y la clínica en particular– a veces se hace simplemente con un espíritu crítico intentando buscar soluciones, y no es necesario contar con grandes infraestructuras para empezar, sino que éstas vienen después. Yo pongo el ejemplo de un proyecto de investigación que llevamos nosotros desde hace mucho tiempo. Empezamos con un presupuesto de cero pesetas, y, con el simple uso de un termómetro, intentamos demostrar el valor pronóstico que tenía la temperatura en el infarto cerebral.

A veces lo pequeño, lo que parece que no tiene importancia, es suficiente para desarrollar proyectos de investigación que, después, van cuajando y que, obviamente, también se van haciendo más complicados. Pero las cosas pequeñas, las cosas que parecen de rutina habitual, se pueden convertir en proyectos de investigación. Los que saben dicen que el 80 por ciento de lo que creemos saber es mentira y lo malo es que no sabemos cuál es el 20 por ciento que es verdad. Eso quiere decir que tenemos que estar continuamente cuestionándonos lo que hacemos para ver si es correcto y está bien. Y ése era el título de la ponencia: el valor de lo cotidiano, de lo que se hace a veces todos los días, pero con una forma de verlo distinta, una forma crítica intentando validar que lo que se hace como rutina se hace bien o mal. Si un hospital no hace investigación, acaba haciendo una especie de rutina asistencial aburrida, fundamentalista y muy próxima al error médico y a la mala práctica médica. Ésa es la idea.

Una vez que se implanta en un hospital un sistema de investigación, ¿qué mecanismos hay para acreditar la calidad de lo que se hace?

A ver. Normalmente, el Instituto de Salud Carlos III tiene sistemas de evaluación para los investigadores, los hospitales y los grupos de investigación.  Al igual que los exámenes que se le hacen a cualquier alumno, siempre están sujetos a error, nunca son perfectos, porque hay muchos aspectos, como el factor humano, que son muy difíciles de evaluar. Pero bueno: desde evaluar la producción científica, la calidad de la producción científica (que se valora en puntos de factor impacto), el número de proyectos conseguido, el número de patentes registrado, etc. Siempre hay una ponderación que se hace a todos los grupos emergentes, aquellos que están empezando, a los que no se les puede exigir una producción a los tres meses ni al año ni, a veces, a los tres años, porque a menudo la investigación exige más tiempo (se puede uno equivocar 40 veces y, en el ensayo número 41, sacar el proyecto adelante).

Por lo tanto, no se trata de que hospital joven como el Infanta Sofía de Madrid tenga que tener ahora una inmensa producción, sino una tendencia en esa línea, y algo importante es que la investigación tiene que estar programada desde el principio por medio de proyectos sólidos en los que se vaya trabajando, que incorporen a mucha gente… Los modelos de investigación han cambiado y los paradigmas de aquella investigación de don Santiago Ramón y Cajal en la que él solito, con un microscopio y en su laboratorio, fue capaz de ser Premio Nobel por su desarrollo de la teoría sobre la neurona, contrastan con imágenes de hoy como, por ejemplo, el ciclotrón en Suiza, donde trabajan 7.000 personas. Esto es, la ciencia ha cambiado y, aunque se necesitan equipos complejos, todos estamos conectados, se intenta trabajar no solamente varios grupos en un hospital, sino varios hospitales entre sí formando redes (los ciber) y estructuras, en fin, de ámbito europeo o comunitario. Pero el caso es que un hospital que no tenga un objetivo programático, no teórico sino práctico; una actitud de investigación, de cuestionarse lo que se está haciendo para ver si está bien o no…. está condenado al menos al aburrimiento de los profesionales, a la falta de aliciente, de estímulo y ganas de seguir trabajando, máxime en un momento en el que todo son imitaciones, problemas pocos recursos, etc.

Más allá de los hospitales españoles, en la comunidad científica internacional, ¿es el factor impacto la principal vara para medir la excelencia de la producción?

Pues sí y no, es decir, siempre se cuenta el caso de un Premio Nobel que ha llegado hasta ahí con seis o siete publicaciones mientras otras, con 200 o 300, no llegan absolutamente a nada. La moneda de cambio habitual en la investigación es el factor impacto, no tanto el total sino el promedio, es decir, la media de los factores impacto de las revistas donde publicas.  Pero eso no es infalible ni muchísimo menos, y hay veces que ves trabajos en magníficas revistas de dudoso valor para el progreso, y otras en las que ves, en revistas más modestas, unos trabajos que cambian la forma de percibir determinados procesos y enfermedades, que, como todas las cosas que hacemos los hombres, las tenemos sujetas a error. Así, si vosotros medís el valor de un periódico por el número de ejemplares que vende, ¿es eso bueno o es malo? Pues es un índice, ¿no? En ciencia tenemos otros, como el número de patentes, la cantidad de conocimiento que generas que puede reinvertirse en innovación… son factores por tener en cuenta y que cada vez son más valorados por las agencias internacionales en los equipos de investigación.

En España nos encontramos en muy mal momento económico y la ciencia no ha salido muy bien parada. Hace muy poco, se publicó en un diario generalista que las becas “Ramón y Cajal” no se cobrarán… hasta 2013. ¿Me equivoco?

No te equivocas. Ha habido una retención, de forma que lo que se tenía que empezar a cobrar ya este año se ha aplazado a enero de 2013. Es una especie de “corralito” que han hecho. El obviar que, en estos momentos, hay una crisis que está repercutiendo en todos los ámbitos sociales, y, entre ellos, obviamente, en el de la ciencia, la educación, la sanidad…  sería una estupidez. Es decir, es obvio que hay una situación de recortes que afecta a todo. Está afectando a todo. Y también a la ciencia.

En el caso del instituto que usted dirige, ¿cómo está la situación y cómo va a estar tras las elecciones autonómicas?

De adivino tengo muy poco, pero el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago no depende de la Xunta de Galicia, sino del Instituto de Salud Carlos III de Madrid. Por lo tanto, no dependemos del resultado de las elecciones autonómicas, ya que la dependencia institucional proviene del Ministerio y los institutos son estructuras dependientes del Carlos III. Así que, en ese sentido, no cabe esperar ningún tipo de cambio general. Obviamente, los que formamos parte del Instituto vivimos en Galicia y estamos en hospitales y en universidades gallegas que sí están sometidas a los recortes, y, como los candidatos han discutido mucho pero han explicado poco que iban a hacer cada uno de ellos, no sé qué va a pasar tras las elecciones [la entrevista se hizo dos días antes de los comicios que han reportado mayoría absoluta al candidato de Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo].

De todas formas la situación es la que es e ir de víctimas todos los días tampoco es una solución. Es decir, yo no sé si es una característica de la forma de ser, pero creo que  nos ha tocado lo que nos ha tocado, uno se puede cabrear todos los días y renegar de los recortes, o bien aceptar que lo que hay es lo que hay y suplir la carencia con esfuerzo y con imaginación. No hay otro remedio; la alternativa sería estar todo el día quejándose, lo que sería estéril. Hay que esforzarse, echarle imaginación, buscar recursos en Europa… ya que la ayuda oficial se retrasa. Está bien quejarse ante unas elecciones, pero, aparte, hay que hacer algo más.
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